Feature

©Juanita Escobar from the series, Llano

January’s featured photographer is Juanita Escobar

Juanita Escobar is a self-taught photographer whose work with documentary photography has always focused on the human being in relation to the environment, and nature in all its manifestations.

This involves the idea of territory, approached with an essential and necessary gender focus. These two subjects, gender and territory, are the main themes of her photographic research.

Juanita won the Colombian National Photography Prize in 2009 with her work People – Land, exhibited in the Santa Clara Museum, Bogotá, and co-author of the book, Silence: A plain of Women published by Número in 2009. She is also the winner of the Crea Digital scholarship awarded by the Ministry of Culture and Technologies in Colombia for the undertaking of the e-book, El llano a ras de cielo, 2012. She was selected for the World Press Masterclass Latin America 2015 in Mexico and the Joop Swart Masterclass 2017 in Amsterdam. In 2016 Juanita won the Portfolio Review Prize from National Geographic Society for her body of work created over nine years, ‘Llano’, in San Jose Photo Festival, Uruguay.

Juanita has been a member of the Colombian photography collective Colectivo+1 since 2016.

Llano

The Casanare horsemen culture in Colombia, called Llaneros, has survived long and today can still be found in the savannahs, spreading through large territories. People here spends their days working from ranch to ranch by horse. The Llaneros still have a number of wild horses and cows over their extensive plains, the animals run free of fences what allows the practice of their traditional cultural customs. This is a culture that dates back to the 5th Century and still figures as an important practice, even though, the area is witnessing changes due to the oil exploitation and palm monoculture.

A great part of my photographic work has been centred in portraying this social group – ten years now – which represents one of the few horsemen cultures that we still have in the planet. I have roamed the land’s immense savannahs and I have been inside their homes taking pictures of what identifies and makes them unique. I have been part of their daily life and practices , where I have been documenting a visual memory of their lives. I have shared their territory and learned about the way they relate to the environment in question, until casting it into what might collectively be called a cultural portrait.

©Juanita Escobar fro the series, Llanos
©Juanita Escobar from the series, Llano
©Juanita Escobar from the series, Llano
©Juanita Escobar from the series, Llano
©Juanita Escobar from the series, Llano
©Juanita Escobar from the series, Llano
©Juanita Escobar from the series, Llano
©Juanita Escobar from the series, Llano
©Juanita Escobar from the series, Llano
©Juanita Escobar from the series, Llano

To see more of Juanita’s work, here


La fotógrafa del mes de enero es Juanita Escobar

Juanita Escobar es una fotógrafa autodidacta quien se desarrolla en la fotografía documental, enfocándose siempre en temáticas sociales y su relación con el medio ambiente, naturaleza y sus otras manifestaciones. Su obra envuelve la idea del territorio, la cual aborda con una esencial  y necesaria perspectiva de género. Estas características, género y territorio, son puntos fundamentales en su investigación fotográfica.

Juanita ha sido galardonada el Premio Nacional Colombo-Suizo de Fotografía en el 2009 con su proyecto Gente – Tierra,  expuesta en el Museo Santa Clara de Bogotá. También es co-autora del libro Silencio: Un Llano de Mujeres publicado por Número en el 2009. Fue la merecedora de la beca Crea Digital, otorgada por el Ministro de Cultura y Tecnología en Colombia, por su obra: El llano a ras de cielo (2012); Juanita fue seleccionada por el World Press Photo Masterclass Latin America en México (2015); ganadora del Portfolio Review Prize National Geographic Society por su trabajo, Llano (2016). Más recientemente, fue seleccionada para el Joop Swart Masterclass 2017 en Amsterdam.

Desde el 2016, Juanita es miembro del colectivo fotográfico colombiano Colectivo+.

Llano

 ‘’La llanura de la que hablo queda muy lejos. Suelo vislumbrarla en la voz de ciertos cantores y poetas y en la conducta de su gente de a caballo, siempre de espaldas al aquí y su chatura, siempre tan cerca del confín y del que nunca regresan como se fueron. Rayados de espinas, dolidos de sudor y silla, con la insolación y el aguacero en el cuerpo, negros de verano, negros de nube, pero eso si, luciendo el silbo y la canta’’    

Luis Alberto Crespo

Narrar esta historia es contarme a mí misma, contar una tierra que me hizo sentir su abismo, su abrazo, su adentro.  Desde cada horizonte luminoso de su memoria comencé a traducir sus historias, con su propio acento que es ya también el mío. Quisiera trazar aquí todos los caminos, soltar todos los caballos, arreciar todos los inviernos y veranos, todos los amores, los amigos, las preguntas y búsquedas que me acompañaron a lo largo de todo este tiempo.

Mi sed de tierra encontró un eco en esta llanura. En esta tierra hay que asirse a su corazón encabritado y fue a través de sus poetas y copleros que aprendí a cantarle, a sentirlo, a entenderlo. Yo también soñé con ser un coplero errante, como el mítico Florentino “Cantaclaro” que va de a caballo echando los versos de la sabana. Soñé con ir recorriendo de trabajo en trabajo, de ganado en ganado, cruzando ríos crecidos y polvaredas. También soñé con la idea de los amores regados por la llanura, de los amigos y las familias, esas querencias que se vuelven una excusa para acercarse a ciertos ríos y sabanas. Sueño con hacer de esa errancia mi lugar. Mi corazón aprendió a encenderse como el sol de los venados.

En el 2007, llegué por primera vez al Casanare. Una de las primeras personas que conocí fue a un viejo llanero caporal del Hato San Pablo llamado Ricardo Daza “Peluso”. En una primera jornada que iba desde las cuatro hasta las siete de la mañana, me enseñó a montar a caballo y junto a cuarenta llaneros me transmitió la esencia de su cultura y de sus trabajos. Cuando me enseñó a cabalgar también me enseñó a vivir, a quedarme.

El galope del caballo me sembró en esta tierra y me he quedado por diez años. Yo tenía 20 años y en mi haber, unos pocos días de universidad que pronto cambié por la escuela de vida que se abrió para mí en la inmensidad del llano. Mi manera de asumir la vida la aprendí a lomo. Mis ojos se anegaron de distancias, esos caminos donde florece el pensamiento. Errar es una trashumancia primigenia donde lo necesario para vivir cabe en un morral y lo realmente indispensable está en la confianza y el carácter de tu propio corazón. El caballo se volvió para mi el símbolo de todas estas cosas.

Uno de los primeros caballos que conocí en el Hato llevaba por nombre ‘’Volví por verte’’, tal vez era lo mismo que yo buscaba, volver por algo que me urgía. Otro caballo que me prestaron para las faenas, de color bayo, lo nombré ‘’Adiós que me voy’’. Con el tiempo, en los Hatos me regalaron dos caballos: Chemerejure y el Secreto. La imagen de uno de ellos es la foto que abre este libro.

Yo me veo en su noche. El cabestro es un cordón que nos une y nos recuerda cuánta vida con sus tormentas y sus amores vivimos juntos. Yo, aprendí de los llaneros como diría el poeta, a ver florecer la respiración del caballo en la palma de mi mano.

Para ver más sobre el trabajo de Juanita, aquí